Vi con detalle como le abrazaban con melancolía mientras le dejaban abandonado en aquella olvidada plaza, que por poseer un monumento de un supuesto traidor a la patria, carecía de todo tipo de cuidado, las ratas nadaban entre el océano de basura, los gatos escaseaban a manos de indigentes que se cansaron de luchar con las ratas por los tesoros ocultos en cada bolsa de basura y comenzaron a comerse a los felinos.
En ese peligroso lugar donde fornicaban piedreros, apuñalaban a descuidados, y yo iba a fumarme un eventual "cigarrillo", vi como lo abandonaron; volví varios días para examinar su situación y convencerme de que en efecto había sido abandonado. Luego mis visitas fueron en sobriedad para alimentarlo e intentar proporcionarle compañía, hubiese querido llevarlo conmigo o hacia alguna institución pero fue imposible por condiciones externas ajenas a mi voluntad.
Siempre que le llevaba comida en las mañanas le encontraba tiritando de frío y su mirada era el mejor agradecimiento que yo podía recibir, sin embargo un día fui a continuar con la rutina pero no pude, su cuerpo inerte me explicaba que aquella terrible plaza se confabuló con el terrible aguacero de la noche anterior para proporcionarle una terrible muerte.
Desconozco si era altruismo, lástima o siempre ocio lo que me motivó a compartir mi existencia con aquel ser, deseé repetidas veces que muriese para que su sufrimiento cesara, pero hoy recuerdo a aquel anciano arrugado hasta los huesos, cansado y enfermo al extremo de no poder hablar, tan solo como yo, abandonado en una plaza como un perro, lo recuerdo y lloro.
Que en paz descansen sus restos.