los números habitan el espacio aéreo semejantes a un platillo volante, esferas, las casas y las estrellas fijas y dobles, hay al menos 10.000 gracias al índice general de aberración, fantasías matemáticas cuya entera naturaleza está construida más todos los ángulos ávidos, la mano de luca sostiene un bastón que señala un teorema de euclides en forma de pastel. 13 partes iguales y sabrosas, 13 efectos inestimables y maravillosos, los de la proporción mágica, un juego místico y una receta ultrasecreta con la que sueña con la mirada fija y el compás clavado en el ojo, para dibujar todas las figuras simples, pero también el cristal tallado en 26 facetas tan bien alojado en un círculo y que tanto se asemeja a un pequeño dirigible. Las cosas son números y se forman arriba, bajo las estrellas rojas y verdes, triángulos, círculos, cubos y ese móvil asombroso sostenido por un hilo y que a él le gusta reproducir. Porque al menos hay que repetir dos veces lo necesario, así estos dos hombres capaces o no de ponerse de acuerdo respecto a una realidad invisible, sus futuros desdoblamientos, luca y dinterville, guido y de selve. Uno es el resucitado del otro, los mismos pero no exactamente como una figura casi idéntica en el espejo, una réplica incierta y una doble ausencia, sin embargo entre ellos como entre 2 puntos cualesquiera siempre se puede trazar una recta, una línea de fuga, un camino reservado para acceder a la ciudad elevada y flotante que parpadea suavemente
el silencio de la pintura y el secreto siempre inconfesable aunque adopte la forma de una oreja
provisto de su bastón que no vibra ni produce ningún sonido, luca enmudecido indica de ninguna forma, no dice ni oculta, es una vuelta magnética que hace mediante su sexto dedo, una rama bien cortada, con electricidad, sin aparato, con la mano, fija, los ojos en el límite, todo lo preciso para erigir un mundo. Tan vacío como su mirada que atraviesa una forma tan ligera y flotante, igual que el reflejo de un cuerpo en un espejo, viéndola sin verla, sordo y medio ciego, su tallo óptico de efectos estupefacientes, deslizado entre el pulgar y el índice, la radioactividad se propaga por el aire de la habitación para ellos dos, luca y su estado de conciencia modificado, guido, su emanación predilecta. Su poder es enorme, es una máquina que proyecta sus pensamientos fuera de él y además, esta substancia vitrificada, lanzada a trazos, 96 al menos, ambigua y luminosa, un ancestro fotografiado que bien podría ser euclides o quizás un platillo volante del futuro, el reflejo de un sueño por soñar treinta y ocho años más tarde y que desafía todas las leyes de la gravedad. Luca es un autómata inquietante, un súper medium convertido en maestro de fantasmagoría y sin duda no es leonardo ni tampoco jacopo quienes han puesto aquí esta figura ambigua y luminosa, sino él solo, el resucitado que produce a su vez, esta caja espectral escaneada por rayos x tan penetrantes como su mirada casi apagada, capaces de hacer brillar todos los objetos y de devolver la visión a los ciegos
la vaca ve las estrellas y las iguala a cero, luca es tan estable como ellas, es una máquina de mirar, la cabeza encapuchada, como vacía, acaso una máscara, la del rostro abandonado en alejandría - es el destierro absoluto, una sombra ligera que descansa sobre cinco dedos y el extremo de su bastón, una flauta muy especial que reúne todos los sonidos pero no produce ninguno. Con una visión más sutil, vería desplazarse el conjunto, convertir como un microsurco su figura dibujada en una interminable repetición, ventilar su habitación de una manera y a veces de otra, pero él sólo fija el revés de las cosas, le atraviesa la experiencia muda de los vértigos, y los árboles, los animales y la materia le observan. En particular la de la burbuja aérea, este espejo abombado que curva y proyecta una pantalla donde aparece el pensamiento antes de que piense, y le envía una parte tan menguada del mundo, duplicada con la imagen de su vecino, guido a quien no puede mirar bajo pena de perder la visión
SUZANNE DOPPELT