jueves, 11 de agosto de 2016

La mayor aberración

los números habitan el espacio aéreo semejantes a un platillo volante, esferas, las casas y las estrellas fijas y dobles, hay al menos 10.000 gracias al índice general de aberración, fantasías matemáticas cuya entera naturaleza está construida más todos los ángulos ávidos, la mano de luca sostiene un bastón que señala un teorema de euclides en forma de pastel. 13 partes iguales y sabrosas, 13 efectos inestimables y maravillosos, los de la proporción mágica, un juego místico y una receta ultrasecreta con la que sueña con la mirada fija y el compás clavado en el ojo, para dibujar todas las figuras simples, pero también el cristal tallado en 26 facetas tan bien alojado en un círculo y que tanto se asemeja a un pequeño dirigible. Las cosas son números y se forman arriba, bajo las estrellas rojas y verdes, triángulos, círculos, cubos y ese móvil asombroso sostenido por un hilo y que a él le gusta reproducir. Porque al menos hay que repetir dos veces lo necesario, así estos dos hombres capaces o no de ponerse de acuerdo respecto a una realidad invisible, sus futuros desdoblamientos, luca y dinterville, guido y de selve. Uno es el resucitado del otro, los mismos pero no exactamente como una figura casi idéntica en el espejo, una réplica incierta y una doble ausencia, sin embargo entre ellos como entre 2 puntos cualesquiera siempre se puede trazar una recta, una línea de fuga, un camino reservado para acceder a la ciudad elevada y flotante que parpadea suavemente


el silencio de la pintura y el secreto siempre inconfesable aunque adopte la forma de una oreja


provisto de su bastón que no vibra ni produce ningún sonido, luca enmudecido indica de ninguna forma, no dice ni oculta, es una vuelta magnética que hace mediante su sexto dedo, una rama bien cortada, con electricidad, sin aparato, con la mano, fija, los ojos en el límite, todo lo preciso para erigir un mundo. Tan vacío como su mirada que atraviesa una forma tan ligera y flotante, igual que el reflejo de un cuerpo en un espejo, viéndola sin verla, sordo y medio ciego, su tallo óptico de efectos estupefacientes, deslizado entre el pulgar y el índice, la radioactividad se propaga por el aire de la habitación para ellos dos, luca y su estado de conciencia modificado, guido, su emanación predilecta. Su poder es enorme, es una máquina que proyecta sus pensamientos fuera de él y además, esta substancia vitrificada, lanzada a trazos, 96 al menos, ambigua y luminosa, un ancestro fotografiado que bien podría ser euclides o quizás un platillo volante del futuro, el reflejo de un sueño por soñar treinta y ocho años más tarde y que desafía todas las leyes de la gravedad. Luca es un autómata inquietante, un súper medium convertido en maestro de fantasmagoría y sin duda no es leonardo ni tampoco jacopo quienes han puesto aquí esta figura ambigua y luminosa, sino él solo, el resucitado que produce a su vez, esta caja espectral escaneada por rayos x tan penetrantes como su mirada casi apagada, capaces de hacer brillar todos los objetos y de devolver la visión a los ciegos



la vaca ve las estrellas y las iguala a cero, luca es tan estable como ellas, es una máquina de mirar, la cabeza encapuchada, como vacía, acaso una máscara, la del rostro abandonado en alejandría - es el destierro absoluto, una sombra ligera que descansa sobre cinco dedos y el extremo de su bastón, una flauta muy especial que reúne todos los sonidos pero no produce ninguno. Con una visión más sutil, vería desplazarse el conjunto, convertir como un microsurco su figura dibujada en una interminable repetición, ventilar su habitación de una manera y a veces de otra, pero él sólo fija el revés de las cosas, le atraviesa la experiencia muda de los vértigos, y los árboles, los animales y la materia le observan. En particular la de la burbuja aérea, este espejo abombado que curva y proyecta una pantalla donde aparece el pensamiento antes de que piense, y le envía una parte tan menguada del mundo, duplicada con la imagen de su vecino, guido a quien no puede mirar bajo pena de perder la visión

SUZANNE DOPPELT

Voragine

Futuros psicólogos somos, me tomo el atrevimiento de incluirme, futuros guías, futuros padres, futuros dioses, pero por ahora estamos asignados a la mortalidad, a los problemas comunes a lo banal. Huyo a diario de lo corriente creyendo que puedo alienarme/alinearme, no quiero compartir condición alguna con nada de ese orden, sin embargo, es una tarea compleja no caer en ninguna trampa, la realidad siempre está reservándonos lo que menos nos gusta en el momento que menos esperamos. En mi caso lo que menos me gusta es lo que más adoro, no me olvides, dicen sus ojos, canta su risa, grita su ausencia. Su olor a nomeolvides sigue, sigue siendo mi fragancia favorita, mi flor predilecta.
Vivo aterrado con la idea de tener que ver hacia el frente, mis ojos están dirigidos hacia las estrellas y no quisiera acostumbrarme a lo de abajo. Pero, cómo hago si me gusta la simpleza tanto como lo elaborado. Herman Hesse en “debajo de la rueda” pone a su protagonista como un niño erudito, triste, pero predestinado a la grandeza; sin embargo por múltiples eventualidades termina entre la gente normal, que no piensa en lo inefable y encuentra comodidad en tomar sidra, besar niñas, hablar con palabras superfluas, trabajar con sus manos, sudar.
Temo enormemente seguir su camino, supongo que la felicidad se encuentra en lo simple y debato conmigo mismo si para ser grande hay que alejarse de ella. Desde mi infancia temprana he escuchado que para ser feliz hay que hacer lo que nos gusta, pero lo que realmente me gusta es ser feliz, todo lo demás lo hago por la misma razón que viven todas las personas, obligación.
Me pregunto adónde pertenecen los psicólogos, una labor como la que cumplen los aparta de la condición de personas comunes. ¿Un psicólogo tiene verdaderamente habilidad de entender a cada persona? La preparación que nos dan se supone que debería ser infalible, pero dudo mucho que en mis libros pueda encontrar información detallada de la vida de una persona particular, dudo mucho que pueda resumir a cada persona en una palabra, y aunque creo que todas las personas son iguales y todas sufren por la misma causa, no me entra en la cabeza que de verdad una persona en cinco años pueda solucionar los problemas, (perdón, brindar las herramientas necesarias para…) de siete mil millones más. Cómo un hombre puede entender a otro si no ha vivido lo que él, y si lo ha vivido como puede estar seguro que su labor no se basa en meras proyecciones. ¿Que se tiene que hacer para ser un (buen) psicólogo?


Tratado del saber vivir


Escena 1:

M. se hace la pedicura francesa. Se la hace él mismo, y se ha convertido en un auténtico experto. En su decoración debe obviar la uña del dedo gordo del pie izquierdo, ya que siempre la tiene oscura, coagulada, como a punto de desprenderse, debido a un antiguo atropello: un camión pasó sobre su pie, y la bota con punta de hierro no evitó el daño. M. jamás muestra en público las uñas de sus pies. Siempre calza como en el trabajo: gruesos calcetines y botas militares altas. 
Su oficio es el de gasolinero. Trabaja en una estación de servicio, en un polígono industrial de una ciudad catalana. Cuando introduce la pistola de la manguera en el depósito de un coche ocupado por alguna mujer (sea cual sea su edad o parecido físico), M. imagina que está penetrando a esa mujer. Ese acto le produce una erección pétrea, con una verticalidad que con ningún otro estímulo alcanza. En algunas ocasiones se roza disimuladamente con el coche mientras mira por el retrovisor a la mujer ocupante, y eyacula con fuerza. Después retira la manguera, y observa las últimas gotas que caen de la pistola con cierto aire de culpabilidad.
En casa, lanza a un rincón los calzoncillos y los calcetines sucios, caminando descalzo todas las horas que pasa solo, con las uñas de sus pies pintadas en esmalte blanco; excepto la del pulgar izquierdo, que está coagulada, y no le gusta nada mirársela.


Interludio:

La empresa I+D norteamericana Smithson Ink. ha desarrollado un gadget de implantación neuronal que erradica las psicopatías. En los 19 ensayos clínicos realizados hasta la fecha todos los sujetos intervenidos han borrado cualquier tipo de conducta o pensamiento psicopático, sin ninguna clase de afectación secundaria en el paciente. El sujeto se convierte en un ciudadano modelo. 
Parece que el artilugio sería de uso indicado para “asesinos en serie” o violadores patológicos. El debate que abre dicha aplicación es amplio y espinoso. A nivel legislativo, dado que el sistema penal en Occidente se basa en la rehabilitación del reo (y no en el cumplimiento de un castigo por el daño realizado), cabe contemplar la posibilidad de indultar a todo preso que acepte la intervención quirúrgica diseñada por Smithson Ink., y que sea idóneo para dicha intervención.
Las familias de las víctimas ya han mostrado su rechazo frontal a tal posibilidad.


Escena 2:
M. dedica su día libre a pasear por las Ramblas de Barcelona. Le gusta comprar una flor, que luego cuida en un jarrón sobre la tele. Aplaude que hayan prohibido la venta de animales en las Ramblas, y es que no era de su gusto verlos allí enjaulados. Al terminar el paseo, se acerca a la fuente de Canaletas, donde se sienta para que C. le limpie las botas. C. no tiene piernas, se desplaza montando su cuerpo en un patinete de fabricación casera. C. lleva limpiando zapatos en las Ramblas unas cuantas décadas, su cliente más fiel es M. 
El gasolinero espera a que C. esté libre para que le limpie las botas, jamás deja que lo haga otro. Durante el acto de limpieza, M. siente una ligera excitación; no es un ardor tan potente como cuando pone gasolina a un coche ocupado por alguna mujer, pero tal vez le resulta, de alguna manera, un ardor más satisfactorio. ¿A qué se debe dicha excitación? No lo sabe. No logra discriminar si está motivada por el secreto que guarda tan cerca de las manos del limpiador: sus uñas pintadas según la pedicura francesa; o si, en cambio, lo que le satisface íntimamente es contemplar a un hombre sin piernas dándole lustre a sus prodigiosas botas de cuero.


Interludio:

Nadie entendía a la pequeña Noelia. Y es que la pequeña Noelia estaba muy triste, pero no por los motivos que sus familiares consideraban oportunos. Noelia era bajita para sus seis años, también algo gorda, llevaba un parche en el ojo izquierdo y unas impertinentes gafas de color fucsia. Nadie se fijaba en Noelia, y si alguien lo hacía, era para mofarse.
Asistió al juicio como testigo ocular, pero finalmente ni el fiscal hizo uso de su testimonio. Y ella terminaba las sesiones con los brazos en cruz y llorando desconsoladamente; su tía la acogía entonces en su regazo, creyendo que Noelia estaba arrebatada de tristeza al ver a sus tres hermanas explicar aquellas atrocidades sobre su padre. 
Noelia observaba con íntima atención cómo Jennifer, su hermana de diez años, señalaba en una muñeca de trapo los sitios donde su padre la había acariciado, casi cada noche, desde que tenía uso de razón hasta el pasado mes; y Noelia se llenaba de un dolor implacable. Lo mismo con sus hermanas Marta y Lucía. El padre fue declarado culpable, y se le condenó a veinte años de cárcel.
A las puertas del tribunal se juntó toda la familia, para celebrar el veredicto. Pero Noelia no estaba alegre, Noelia no podía parar de llorar, moqueándose la boca y el antebrazo de su chaqueta. Entre ahogos se acertaba a entender que no quería vivir nunca más con sus tres hermanas. Su tía le buscaba consuelo, y le explicaba que su padre era un hombre malo, y que estarían mejor sin él, que vivirían con sus primos, y que todo iría bien. Nada aliviaba el drama de Noelia; y su hermana Jennifer, que la conocía mejor que nadie, acertó el motivo. 
Señalándola con el brazo extendido, en un gesto de rabia y orgullo, le dijo aquello de: “Tú lo que tienes es envidia cochina”. 


Escena 3:

C., el limpiabotas sin piernas, se acuesta en el centro de la cama. Tiene los auriculares puestos y sobre el vientre un lector de CD portátil. Pulsa el play. Entonces, una voz profunda y lenta inicia un recitado. La voz va señalando, poco a poco, las diferentes partes del cuerpo. “Fíjate en el dedo índice de tu mano derecha”, empieza la voz, “Tu dedo índice de la mano derecha pesa mucho, pero es blando como el algodón”, continúa. 
C. escucha con atención, con los ojos cerrados. Es un CD de relajación. Pero C. no está ansioso. El motivo por el que escucha cada noche ese CD es otro distinto. La voz habla de la mano derecha, de los huesos del brazo derecho, los músculos. Después habla de la mano izquierda, de los huesos de ese otro brazo, de sus músculos. 
Y después. Entonces. Llega el momento que tanto espera C. desde que pulsó el play. La voz le habla de su pie derecho. Le dice: “Ahora, siente el peso de tu pie derecho”. Y C. lo siente, nota el peso exacto de ese pie ausente. La voz recorre toda la pierna derecha. Habla de la tibia, incluso del peroné. A la vez, en la cabeza de C. se va conjurando una pierna, que coincide exactamente con la pierna descrita por el CD. Ya materializada su pierna derecha, la voz invoca la izquierda; los dedos, la rodilla, el muslo, que contiene el hueso más largo del cuerpo. 
C. pulsa el stop. No le interesa el resto de grabación. Ya tiene ahí sus piernas, atadas al cuerpo otra vez. Son más reales y las siente más fuerte que cuando tenía piernas y caminaba sobre ellas. Estas piernas de cada noche, hechas carnes por obra y gracia de la voz del CD, son más perfectas, indestructibles, bellas. 
Pero también son efímeras. Apenas le duran 12 minutos. Pasado ese rato, las piernas de C. se disuelven como una montaña de hormigas.      

   COLECTIVO JUAN DE MADRE
(extraído, robado y extorsionado de Revista Kokoro)