lunes, 3 de octubre de 2016

El salto del Leucade

Cuenta la leyenda que Afrodita se había enamorado apasionadamente de Adonis, un amor que la había llevado a enfrentarse con Persófone, el amor de Afrodita fue correspondido por Adonis, pero él le era infiel a ella enamorando, por su belleza, a varias diosas
Un día Ares, quien había sido abandonado por Afrodita, decidió tomar venganza de ello y fue en busca de Adonis. En los Montes de Líbano Ares se disfrazó de jabalí y atacó a Adonis mientras éste cazaba junto a Afrodita. Finalmente Ares dio muerte a Adonis, desgarrando todo su cuerpo a cornadas ante la mirada atónita e impotente de Afrodita.Afrodita lloró sin descanso su muerte, su amor no podía ser correspondido por Adonis porque de hecho estaba muerto. No logrando soportar el dolor del amor recurrió al oráculo de Delfos. Allí la Pitia le aconsejó que debía realizar el Salto de Léucade. Afrodita obedeció al oráculo y quedó en extremadamente sorprendida al notar que, luego del salto, había desaparecido su motivo de dolor Léucade es una isla del mar Jónico que adquirió fama por ésta leyenda de la diosa Afrodita. La isla de Léucade apropió, entonces, importancia por su Promontorio desde el cual se arrojaban al mar los desdichados amantes que querían curarse de su pasión respecto a un amor no correspondido y borrar, a través de éste acto, el recuerdo de sus penas.Este recurso era acreditado como infalible. Cientos de penosos amantes acudían a Léucade desde las más alejadas regiones. Antes de realizar el salto debían ofrecer sacrificios y ofrendas a Apolo, generalmente una cabra, luego se comprometían por medio de un acto religioso, persuadiéndose de que con la ayuda de Apolo sobrevivirían al peligroso salto; y que ese acto haría posible desterrar para siempre las angustias del amor no correspondido si sobrevivían, luego podría vivir una nueva vida de felicidad.No existen registros de quién fue el primer mortal que se atrevió a seguir el ejemplo de Afrodita. Pero se sabe que no hubo otra mujer que sobreviviese a tan enorme prueba, y que solamente algunos hombres pudieron resistirla; entre ellos, el poeta Nicóstrato. En observancia a esto procuraron, los sacerdotes de la isla, evitar mas muertes y urdieron un medio de hacerlo menos peligroso. A través de una red de hilos tendida al pie del peñasco, impidieron que los amantes salieran maltrechos de la caída. Los pescadores lugareños sacaban del mar a quienes se arrojaban cobrándoles un precio por ello, por supuesto que sólo a aquellos que lograsen salir con vida de su estoico acto, acto, que en definitiva, que continuaba siendo un ofrecimiento loable de amor por ese ser al que su amor no era correspondido. Safo, célebre poetisa de la antigua Grecia, conocida como la Décima Musa, halló su trágica muerte al arrojarse del Promontorio de Léucade. Safo, enamorada de Faón, un barquero de la ciudad de Mitilene, en Lesbos, trató por todos los medios de conseguir sus favores. Pero viéndose rehusada una y otra vez, fue a Léucade, a arrojarse desde lo alto del promontorio y desapareciendo para siempre bajo las aguas del Jónico. Los habitantes de Lesbos le levantaron templos y le tributaron honores divinos, haciendo que su imagen apareciera grabada en sus monedas

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