Hay una áspera
comodidad en el verde y rojo
peso de la lana; el olor a jabón y té,
peso de la lana; el olor a jabón y té,
de las mañanas de
Navidad, cuando nos dejaban estar
en esa cama grande, empujándonos bajo las sábanas
de algodón y felpa de nylon,
peleando entre monedas de chocolate.
Soñé en reptar por debajo suya
para reclamar un poco de afecto.
Pero él estaba en la parte ocupada de la cama,
él el oficinista operando con lámparas y alarmas de reloj
y rápidamente fuera de la cama,
silbaba de camino a la cocina,
calentaba la tetera y lavando en el fregadero.
Vosotros padres e hijas, dijo mi madre una vez,
sé cómo sois. Las palabras se repitieron.
Yo aprendí el peligro, el fracaso
y la dificultad del contacto, absorbiéndolas
en mi cuerpo como vitaminas o rayos de sol.
Ahora quiero envolverme
en esta vacía, pesada piel de hombre,
meter mis brazos en las grandes mangas
sin doblar los puños,
la vieja chaqueta pasada de moda colgada
rodeándome como un brazo.
en esa cama grande, empujándonos bajo las sábanas
de algodón y felpa de nylon,
peleando entre monedas de chocolate.
Soñé en reptar por debajo suya
para reclamar un poco de afecto.
Pero él estaba en la parte ocupada de la cama,
él el oficinista operando con lámparas y alarmas de reloj
y rápidamente fuera de la cama,
silbaba de camino a la cocina,
calentaba la tetera y lavando en el fregadero.
Vosotros padres e hijas, dijo mi madre una vez,
sé cómo sois. Las palabras se repitieron.
Yo aprendí el peligro, el fracaso
y la dificultad del contacto, absorbiéndolas
en mi cuerpo como vitaminas o rayos de sol.
Ahora quiero envolverme
en esta vacía, pesada piel de hombre,
meter mis brazos en las grandes mangas
sin doblar los puños,
la vieja chaqueta pasada de moda colgada
rodeándome como un brazo.
Jean Sprackland
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