lunes, 20 de junio de 2016

Caudillos

Somos animales, seres increíblemente destructivos pero en fin, débiles. El hombre es como un lobo feroz, dijo una vez T. Hobbes, opinión que compartía Schopenhauer, y también yo (un simple perro) pero pienso que solo somos lobos agresivos que intentas disimular su indefensión. Solo somos lobos, lobos que piensan, que piensan hasta donde el macho alfa les permite pensar.

Si se analiza cualquier etapa de la historia siempre es lo mismo, desde la caverna, hasta el internet, siempre se puede apreciar la debilidad humana, creando hordas, haciendo revoluciones, constituyendo países, siempre generando una manada para alejarse de la vulnerabilidad, y nunca ocurren estos fenómenos bajo una motivación colectiva que invade a todos los débiles, siempre está el más débil, ese que se oculta a plena vista, el líder, el profeta, el rey, el presidente. Ellos los más débiles, necesitan de las masas para cumplir sus objetivos, y una vez que los consiguen, le lanzan un hueso a los perros para que sacien su hambre.

Es confuso pensar que un conjunto de débiles florezcan bajo la guía de alguien igual o más débil, pero los líderes no deben ser fuertes, lo que necesitan es ser creativos, motivar a las masas, decirles lo que necesitan escuchar, engendrar ideales "inquebrantables". Pero precisamente los humanos somos demasiado débiles para cumplir este tipo de ordenanzas, y menos si las crea otro hombre tan débil como nosotros; necesitamos un ejemplo, algo más grandes, una conciencia superior, un guía celestial, ahí se engendran los dioses, de la mano de las necesidades de los líderes; un ejemplo claro, está en el éxodo de la biblia judeo-cristiana, si el gran Moisés le hubiera dicho al pueblo hebreo que los diez mandamientos eran sus ideales de normas no habría contado con tanta "aprobación" como si esas tablillas las hubiera esculpido ese amoroso dios que se volvía tirano para preservar a su pueblo.

Parece ridículo contemplar que todas las grandes hazañas del hombre han sido motivadas por ideales falsos, no existe un altruismo que todos compartan, las buenas obras se hacen bajo el deber para que un dios poderoso no arremeta contra los débiles.

Asimismo pasamos por la inquisición, la revolución francesa, la industrial, la independencia iberoamericana, hasta llegar a la Venezuela postindependiente, una vez más encontramos al líder, al caudillo, ese que con encanto convencería al pueblo bruto y necesitado de mando. Según la formación académica, los caudillos desaparecieron bajo el gobierno de Cipriano Castro, supuestamente hoy somos gobernados por ideales firmes y no por sublimes actuaciones.

Subjetivamente considero que no somos más que el mismo pueblo de Moisés buscando la tierra de leche y miel, cuantos años hemos estado caminando en este desierto; los mismos que el pueblo hebreo hasta encontrar a su Mesías, ese pastor vestido de rojo que hablaba en parábolas que nadie entendía, no por su complejidad, sino porque simplemente carecían de sentido, un nuevo caudillo surgió un cuatro de febrero, un caudillo con una habilidad sublime, una manipulación eficaz, el cristo de la prole, ese que llegó en el lugar y momento adecuados. Lleno de debilidad repite la misma estrategia que sus antecesores, se arma de un escuadrón de débiles domesticados hasta alcanzar su objetivo, y una vez que lo alcanzó, arrojo una variedad de huesos para que los perros se distraigan, así Hugo el cristo, emularía las hazañas de Jesús el cristo, profesando un socialismo incoherente, y luego al momento de su muerte, dejaría un sucesor al que guiaría desde los cielos, hablo de Nicolás sobre la imagen de Pedro.

Nicolás el nuevo caudillo, el que convence con payasadas,  el que entretiene y gobierna cual imperio romano, considerando que el pueblo solo necesita pan y circo, salvo el pequeño detalle que hoy no hay pan, solo circo. Hoy se contempla el coliseo, y vemos las luchas de los gladiadores y los mártires, las muertes divierten y sacian el apetito de una muchedumbre hambrienta de farándula. Así cual inquisición, el gobierno de Maduro sigue su camino bajo las enseñanzas de un dios tan falso como todos los demás.

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