Ni siquiera la conocía bien pero sus besos despertaban sensaciones en mí como si conociera el mapa de mi cuerpo desde toda su vida, supongo que al ser dos años mayor que yo tiene mucha mas experiencia, igualmente no titubee y seguí adentrándome en aquella atmósfera de erotismo que mantenía mi virilidad tan elevada que parecía que mi pantalón estallaría, ella lo notaba y mientras estaba sentada en mis piernas hacía movimientos inteligentes para sentirme completamente; recuerdo que mientras la besaba puse mis manos en su nuca pero en un abrir y cerrar de ojos ya estaban mis dedos buscando la mágica combinación para desabrochar su brasier, cuando por fin pude hacerlo me dispuse a tocar uno de sus pechos, sonó el maldito timbre, efímeros momentos de pasión que desaparecían con un atorrante sonido metálico, debíamos ir a clases, al levantarse de mis piernas vi que mi pantalón estaba mojado, ella estaba húmeda, me di cuenta que le apenó haberme manchado, nunca esperé que con los escasos treinta minutos que tenemos de receso ella halla podido excitarse tanto; igualmente no dijimos nada y nos dispusimos ir a nuestros salones, al llegar al salón examen de matemática, joder… yo con un incomodo bulto en mi pantalón y tenia que presentar una prueba.
Ocupé mi lugar e intenté concentrarme para poder salir bien, mientras tanto mis labios ardían y me pedían que untara su divina saliva sobre las heridas que ella misma ocasionó con sus dientes por tanta pasión; la prueba parecía ser sencilla, en la segunda página habían problemas de trigonometría donde me pedían encontrar el seno de 180°; SENOS, SENOS, después de lo que había pasado hace un momento no imaginaba palabra mas incomoda para mí que esa, en ese preciso instante mi mente comenzó a imaginarse como eran sus senos, esos que estuve a punto de tocar, aunque no los veía podía sentir su textura, su temperatura, sus perfectas curvas, en fin grandes senos, tibios, blandos y desnudos, eso generó que durara los noventa minutos de la prueba dibujando tetas. Sabía que reprobaría, sonó el timbre del almuerzo y salí corriendo, desesperado, con el pulso tembloroso, la busqué en su salón y ya había salido, en el comedor no estaba, no sabía que hacer, quería hacerla mía salvajemente, cansado por no encontrarla hice un último intento, subí a un baño del último piso que generalmente está solitario, pensé que la encontraría ahí y así fue, estaba en un cubículo haciendo el trabajo ella sola, tocándose, usando sus dedos, frotando sus zonas erógenas, sus gemidos me excitaron aun mas, entré y la tomé por el cuello violentamente, como un video hardcore, nos deseábamos, ella lamía mis dedos mientras se deshacía de mi pantalón, yo estaba tan frenético que no tuve la paciencia de quitar los botones de su camisa uno a uno, así que jalé cada extremo de la misma y los botones volaron cual proyectiles, nos encontrábamos completamente desnudos, podía ver sus pezones completamente erectos, los lamí, y ella sonrojó su cara, me sentía en el paraíso aunque estábamos en un baño del colegio, era un lugar sin tabúes ni límites, ni siquiera percibíamos el rancio olor de la orina que decoraba el baño.
Desnudos, nunca olvidaré su blanca tez, con perfecto relieve, su cabello lacio y ella besando mi cuello, que sensación tan excitante, aun recuerdo como se erizaba mi espalda, ella seguía bajando con sus labios recorriendo mi cuerpo, yo sentía el estomago helado, y mi cuerpo ardiendo, comencé a tocarla, no podía permitir que ese acto fuera un monólogo de las maravillas que ella podía hacer con su boca, nos besamos, no había nada mas dulce que las saladas gotas de sudor que recorrían su cuerpo, luego de tanto preámbulo adoptamos la posición adecuada para poder hacerlo en el acogedor espacio del cubículo numero 2, del baño femenino del segundo pasillo del cuarto piso de nuestro colegio, mi sexo estaba tenso y palpitaba de ansiedad, ahí en frente de ella, no había nada mas que hacer sino seguir el instinto animal el cual dirigió al hombre a la cima de la cadena alimenticia, esos dos monótonos movimientos generaban un sinestésico cóctel de sensaciones en mi, una vez dentro de ella, podía sentir como me presionaba, era tan estrecha, tan delicada, pero tan caliente, seguimos haciéndolo hasta que los gemidos se volvieron gritos y atrajeron al director que estaba casualmente en el mismo piso, entró en el baño y abrió el cubículo, nos encontró desnudos, no hay nada mas incómodo que un coito interrumpido y una eyaculación frustrada, excepto, que me expulsen del colegio por tener sexo en el baño junto a un examen reprobado que sentenciaría una materia reprobada y la secuela de todo eso seria una paliza de mis padres junto a toda una vida de castigo, así termina mi desventurado encuentro erótico, y lo peor es que nunca la volví a ver, supongo que las chicas mayores no se apegan mucho a nada.
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