Insalubres curvas se despiertan para ejercer un empleo magistral; solo ellas las amas de lo nocturno, noche a noche renacen a su vampírica vida, borrando el dolor de los corazones cansados y llenando de placer a los viriles cuerpos.
Amantes sin discriminación, usualmente satanizadas por los cuerpos deshabitados que reinan la vida diurna; su labor es admirable, aplican los sabios aprendizajes que una vez venus les dejó como legado.
Después de tantos años se les juzga como si su trabajo tuviera menos valor, como si su salario fuera menos merecido, pero que más merecido que una remuneración al amor, a ese amor nocturno y efímero (como lo es todo), el dueño de todo el pasado, todo el presente y todo el futuro.
Ellas, las sin nombre, las innombrables, las difuntas espiritualmente, las dueñas de los pecados; su destino está marcado, sus lugares en el infierno las esperan, solo ellas saben de cuántos pecados se deben arrepentir por saciar anhelos, por alimentar familias, por difundir los venéreo y morir sin gracia.
Todos saben su futuro, pocos conocen su presente pero nadie comparte su pasado, nadie quiere enterarse de las infancias dolorosas, hogares miserables, padres abusivos, sociedades quebradas y países en crisis; nadie quiere comprender el ardiente sonido del hambre dentro de un cuerpo, ninguna persona quiere escuchar las historias de violaciones a preadolescentes, de esclavitud sexual, de decisiones equivocadas, de luchas contra la podredumbre social; nadie, ninguno puede.
Jamás alguien se ha lamentado porque estas ninfulas hayan conocido el camino fácil en un entorno difícil, al final, la belleza se acaba, el físico al igual que todo lo viviente se pudre, lenta y miserablemente, mientras contemplan la nada que les rodean, y la insatisfacción, la fiel compañera, esa que espera solo el último momento para que todas contemplen la nihilidad dentro de ellas; y allí en los últimos segundos, recordarán lentamente toda su vida, mirarán sus tetas caídas burlándose de las lágrimas que abandonan sus ojos, y cuando sientan el ultimo frío, ese que desconocen sus ardientes vidas sabrán que ni siquiera sus polvos mágicos podrán librarlas del averno.
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