lunes, 20 de junio de 2016

Sabines y Dios

Dios es una palabra que me sirve para significar todo lo que ignoro, todo lo que desconozco. Eso es Dios. Dios es la palabra útil al hombre, para significar la vida. Uno estudia el cristianismo, estudia el dios hebreo, pero, en la Biblia, Dios manda destruir ciudades y eso no es de un dios de bondad. Ahora, ¿qué pasa con Buda? Yo leía la vida de Buda y lo perseguía por todos lados. Tengo muchas anécdotas de él, de su desprendimiento de las cosas... Pero Buda llega a una conclusión tremenda: la causa de todos los males del hombre, de todo el dolor del hombre sobre la tierra, es el deseo. Deja de desear. ¿Qué tipo de hombre se va a hacer uno si deja de desear? Hay que cortarse los brazos, y las piernas, y no caminar, y no vivir. Entonces, digo yo, ¿cómo es posible que Buda quisiera la inmovilidad total? No se preocupó del dolor ajeno, no se preocupó de nadie... Al abolir el deseo acaba con todo padecimiento humano. Así se identifica con la divinidad, con la perfección, pero se deshumaniza. No se puede vivir a la manera de Buda. Yo pienso que lo principal de la vida es el deseo.
Sin el deseo no podríamos vivir. El deseo es la clave de todo. Es la clave del dolor, desde luego, pero también lo es de la alegría. El deseo es parte del camino que recorremos. No se puede dejar de desear. El que desea vivir, aunque esté con veinte males por encima del que no tiene ninguno, ese sigue viviendo. Desear vivir es ya vivir.

Sabines habla con Dios, con la mujer, consigo mismo de la manera en que los noctámbulos, los solos, los insatisfechos, los fracasados se oyen en sus entrañas, cuando el frío y la borrachera de la noche, el insomnio, la soledad, el dolor, la desazón y el fracaso los obligan a detenerse. Cada interior colectivo, cada época, cada nación tiene una forma aguda, punzante, de decirse la verdad, o lo que cree que es la verdad, de vaciarse de mentiras y de consuelos. La de Sabines forma parte de la nuestra. No es una forma seca, racional, despojada, exacta; es, por el contrario, una compuesta de excesos, de llantos, de gritos, de declaraciones de amor, de vaivenes violentos.

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