Dios es una palabra que me sirve
para significar todo lo que ignoro, todo lo que desconozco. Eso es Dios. Dios
es la palabra útil al hombre, para significar la vida. Uno estudia el
cristianismo, estudia el dios hebreo, pero, en la Biblia, Dios manda destruir
ciudades y eso no es de un dios de bondad. Ahora, ¿qué pasa con Buda? Yo leía
la vida de Buda y lo perseguía por todos lados. Tengo muchas anécdotas de él,
de su desprendimiento de las cosas... Pero Buda llega a una conclusión
tremenda: la causa de todos los males del hombre, de todo el dolor del hombre
sobre la tierra, es el deseo. Deja de desear. ¿Qué tipo de hombre se va a hacer
uno si deja de desear? Hay que cortarse los brazos, y las piernas, y no
caminar, y no vivir. Entonces, digo yo, ¿cómo es posible que Buda quisiera la
inmovilidad total? No se preocupó del dolor ajeno, no se preocupó de nadie...
Al abolir el deseo acaba con todo padecimiento humano. Así se identifica con la
divinidad, con la perfección, pero se deshumaniza. No se puede vivir a la
manera de Buda. Yo pienso que lo principal de la vida es el deseo.
Sin el deseo no podríamos vivir.
El deseo es la clave de todo. Es la clave del dolor, desde luego, pero también
lo es de la alegría. El deseo es parte del camino que recorremos. No se puede
dejar de desear. El que desea vivir, aunque esté con veinte males por encima
del que no tiene ninguno, ese sigue viviendo. Desear vivir es ya vivir.
Sabines habla con Dios, con la
mujer, consigo mismo de la manera en que los noctámbulos, los solos, los insatisfechos,
los fracasados se oyen en sus entrañas, cuando el frío y la borrachera de la
noche, el insomnio, la soledad, el dolor, la desazón y el fracaso los obligan a
detenerse. Cada interior colectivo, cada época, cada nación tiene una forma
aguda, punzante, de decirse la verdad, o lo que cree que es la verdad, de
vaciarse de mentiras y de consuelos. La de Sabines forma parte de la nuestra.
No es una forma seca, racional, despojada, exacta; es, por el contrario, una
compuesta de excesos, de llantos, de gritos, de declaraciones de amor, de
vaivenes violentos.
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